sábado, 7 de mayo de 2011

Si no eres perfecto nunca tendrás finanzas sanas

Yo no soy perfecto. Soy humano y tengo defectos.

¿Han dicho eso alguna vez? seguro que si. Yo en infinidad de ocasiones. Sin embargo, por alguna extraña y misteriosa razón (¿serán los aliens?) seguimos pretendiendo hacer las cosas siempre bien o casi perfectas. Esperamos no equivocarnos nunca, y cuando lo hacemos nos latigueamos con dureza.

¿No se supone que no éramos perfectos?? Cuando tropezamos, se nos olvida nuestra “humanidad”. Cuando hacemos planes, se nos olvida que la vida no es recta y plana.
Estamos acostumbrados a castigarnos por los errores (de miles de maneras) pero no estamos acostumbrados a aprender de los ellos. Hay como una extraña necedad que nos impulsa a cometer el mismo error otra vez y claro, ¡a castigarnos de nuevo!

Ese ciclo no es bonito. Caray, si nadie nos enseñó a usar bien el dinero, no seamos tan duros con nosotros mismos por no manejarlo a la perfección de la noche a la mañana.
Si estamos aprendiendo a despegarnos del crédito y cambiar nuestros hábitos ¿porqué esperamos no fallar nunca en el proceso?

Cambiar hábitos no es fácil. Lo que importa es la actitud y las acciones que día a día hacemos para lograrlo. Pretender hacerlo sin tropezones desde el principio es como esperar que un niño aprenda a caminar sin caerse ni una sola vez. Si el bebé se cae ¿lo regañas? ¿lo castigas? no! Le sonríes, le explicas que es normal y lo ayudas a que lo vuelva a intentar.

Eso es la vida.

Hace tiempo, me dio una fiebre altísima sin ningún otro síntoma. Pasaron 2 días. Al segundo día llamé al doctor y me recetó un antibiótico. No me hizo efecto, a lo 5 días le llamé a otro doctor y me recetó otro antibiótico que tampoco hizo efecto. A los 7 días de fiebre me fui a una clínica y me recetaron un antibiótico fuerte de tres días. Me dijeron: tuviste neumonía y estás ya saliendo, no te preocupes estarás bien. Al salir de la oficina, la Dra me preguntó: ¿fumas? le dije que si. Se acercó y me dijo: “no les digas a tus familiares que tuviste neumonía. Te van a hacer pasar un mal rato por ser fumadora”. Y me sonrió con una de las sonrisas más lindas que recuerdo.

Mi corazón se conmovió de ver a una doctora que no solo no me juzgó por tener ese “gran defecto” sino que tuvo la suficiente empatía como para decir: nadie es perfecto y a cualquiera le puede pasar.

Y así es como se sanean las finanzas. De a poquito, con errores y tropezones. Con empatía y cariño. Con defectos pero con muchas ganas. Con información y verdadero deseo de salir.
Por lo menos es lo que he visto que funciona

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