No debemos confundir realizar un trabajo serio, con ser serios en el trabajo, nos recuerda Patricia Canepa, DBM Perú, quien advierte que ser espontáneos puede ayudar en nuestras relaciones.El otro día vi un reportaje que mostraba cómo los soldados americanos en Irán tratan de contrarrestar el horror de la muerte con bailes al son del pegajoso “I like to move it, move it…” durante sus momentos de descanso. Esta imagen me hizo reflexionar sobre la capacidad del ser humano para sobreponerse al horror de la guerra, el dolor y las situaciones más adversas.
Pensé en el mundo ejecutivo que suele estar cargado de exigencias y presiones, lo cual hace difícil mostrarnos de manera espontánea. Nos preocupamos mucho de las formas y cuidamos nuestra imagen profesional, generando a veces un exceso acartonamiento.
¿Quién no ha estado en una situación social donde, por ejemplo, se sorprendió gratamente al ver a un colega, jefe o colaborador, mostrar una personalidad alegre o divertida opuesta a cómo se le ve en el trabajo?
Creo que un pequeño ejemplo puede gratificar mejor esto: Hace algunos años descubrí que un colega, quien no era la persona más fácil del mundo en su trato laboral, era experta en contar chistes. Al día siguiente de descubrirlo, me acerqué para comentarle lo divertido que lo había pasado gracias a sus intervenciones. De pronto, luego de los comentarios, su actitud cambió, y poco a poco fue mejorando la relación laboral.
No debemos confundir el hacer un trabajo serio con ser serios en el trabajo. Ciertamente, hay un momento para todo, pero parte de construir nuestra marca profesional es precisamente lograr diferenciarnos.
Esto incluye ser fiel a nuestra personalidad sin dejar de mostrar la “chispa” o el otro yo que tanto sirve para acercar a otros y tender puentes, pero a veces no es tan evidente, Atrévase.
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